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Entre sábanas limpias y sueños rotos

Entre sábanas limpias y sueños sucios, tu cuerpo se cuela cada noche en mi vida. Tu alma se desliza junto a la mía y juntos vamos a caballo de la fantasía por el escarpada ascensión al placer. Ni el gélido viento del frío invierno podría para nuestras ansias por sentirnos vivos. Qué inalcanzables son para los demás los sueños de uno. Hay quién ansía apoderarse de algo material que poseemos pero nadie aspira a robarnos ese mundo creado por uno para disfrute sólo de uno mismo. Los sueños ni se regalan ni se compran pero se pueden compartir con aquella persona que está dentro de nuestra fantasía. Soñamos lo que no tenemos, lo que tememos, lo que echamos de menos, lo que jamás existirá y lo que deseamos que venga. De todos los sueños posibles los eróticos son los más codiciados por los soñadores empedernidos entre los que me encuentro. Lugares que no conocemos, escenarios inverosímiles, situaciones casi imposible y un continuo fluir de sensaciones, que con trazos casi distorsionados y contornos difusos, se arremolinan incesantemente en un sueños largo que se nos hace terriblemente corto. Sueño con alguien. No sé. Alguien que no conozco pero que me resulta íntimamente conocida. No podría describir casi nada de ella porque Morfeo siempre me la presenta sin un rostro descriptible pero sé que está ahí cada noche para cobijarme en sus brazos, calmar mis ansias, ayudarme a vencer mis temores y hacer el amor con esa pasión que sólo los enamorados pueden poner y todo ello, entre sábanas limpias y sueños rotos.

(FcoTomásM2019)

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RELATOS PARA LEER EN UN PISPÁS

Ni toda la poesía del mundo podría expresar cuanto te amo, ni todos los poetas escribiendo al mismo tiempo podrían reflejar fielmente cuan vacía sigue mi vida sin encontrarte. Sé que existes, que me amas y me deseas. Sólo falta que, por primera vez, crucemos las miradas y sellemos con un beso nuestro amor. Sólo pido una hora de tu tiempo para camelarte porque a mí ya me tienes hechizado.

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Cuando estoy jodido a esta edad extraña, que son la mitad exacta entre los 50 y los 60, escucho a Sabina. Siempre aparece la frase perfecta y la rima exacta como bálsamo de mi alma. Incluso, cuando he tenido resquebrajado mi corazón en mil pedazos, he entendido entre líneas el único mensaje de esperanza que podría reconstruir el puzzle en que había quedado convertido mi corazón a causa de más de 100 mentiras. Sabinista tardío y sin perdón, adoro al maestro del desamor, las almas solitarias y las noches interminables, porque todos hemos tenido a alguien a quien olvidar en 19 días y 500 noches o, porque también lloré lágrimas de plástico azul o, simplemente, porque a todos nos sobran los motivos.

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Sintió un fuerte impulso y decidió serle infiel. La noche anterior, María había tenido otro desencanto con su marido y volvió a sentirse poco querida. Era habitual que ella soñara en voz alta e hiciese planes de futuro para que él volviese a aplicar su pragmatismo a todo. Desayunó con su mejor amiga, escapándose media hora de su trabajo, y recibió el apoyo de su fiel compañera de colegio. María sólo había tenido un novio, su marido, y desde los 17 años estaba ligada a él y a los dos hijos del matrimonio.
Se metió en una página de contactos de internet y pronto le llovieron oferta para tomar café, acostarse, pasear, conversar y hasta alguna oferta de matrimonio. Ella no había puesto ninguna foto suya ni dicho que era casada pero, como dijo su amiga, los tíos disparan a todo lo que se mueve.
Puso como excusa una cena de compañeras de trabajo y salió aquel viernes rumbo a su aventura. Había quedado a las once de la noche en un local de copas del centro de la ciudad pero se citó con su amiga una hora antes para tomarse un Gin-Tonic y armarse de valor para la cita a ciegas. Ambas rieron y apostaron por el éxito de aquella noche pero María tuvo un bajón y flojeó cuando su confidente femenina le advirtió de que no se había quitado la alianza de casada de su dedo. Estuvo a punto de marcharse llorando por aquel error pero su amiga le guardó el anillo en un pequeño portamonedas y recuperó la sonrisa. No sabía a lo que se exponía quedando con un desconocido pero llevaba tres profilácticos escondido en el bolsillo interior de su bolso…. “por si acaso”, le había dicho su amiga mientras de los introducía en el bolso.
Y allí estaba, sentada en una mesa de madera con un foco encima que daba un calor horroroso esperando al galán de turno. Con el pelo engominado, camisa rosa, pantalón chino beige y una chaqueta de lana oscura anudada a la cintura apareció Esteban. De Bilbao, fuerte, con acento marcado, las manos cuidadas, gafas un poco horteras y mocasines de color azul marino con un adorno rojo. “Muy mono”, pensó. En las siguientes horas, Esteban se dedicó a explicarle como había sido su relación anterior, lo que echaba de menos a su ex, lo poco que cobraba en el trabajo con la crisis que teníamos encima, los gastos de hipoteca y la necesidad de comprarse un coche nuevo. Gracias a los tres Gin-Tonic y la paciencia de una casada con la conciencia poco tranquila, María aguantó de un tirón. Se excusó para ir a los baños que estaban a la entrada del local detrás de unos biombos y aprovechó para irse sin decir ni adiós.
No sabía si llorar o reír mientras subía en el ascensor de su casa y cuando se quitó los zapatos de tacón para no hacer ruido al entrar se percató de un desagradable roto en la medía de rejilla de la pierna derecha. “¡¡¡Encima!!!”, refunfuñó para sí. Entró despacio y tomó un vaso de leche mientras mandaba un mensaje de WhatsApp a su amiga: “Tranquila. Ya estoy en casa. Ya te contaré….”. Se desnudó en el baño con cierto sentido de vergüenza y se metió desnuda en la cama. Abrazó a su marido, que se había estado haciendo el dormido e hicieron el amor como hacía años que no lo hacían.

(FcoTomásM2019)

El destino.

Empezó a caminar por el parque con poca convicción pero mucha energía. Se le había diagnosticado una enfermedad degenerativa en la que pasear diariamente era la mejor forma de ralentizar su avance. Todavía no calentaba el sol lo suficiente pero ya lucía en aquel comienzo de la primavera. Cada día, camina con tesón y cierta resignación. Detrás de él, venía una chica joven con un chándal gris, con la que coincidía algunas mañanas . Se paró para esperarla y decidió conversar con ella, disfrutando del paseo. Ella nunca faltó a su cita y él se convenció de que merecía la pena luchar empujado por la ilusión que ella había introducido en su vida.

(FcoTomásM2019)

DÁDIVAS DE AMOR

“Me iluminas como el Sol de verano,
me quemas como una vela,
me resuenas como un trueno lejano,
y me sacias como el agua fresca
Eres mi luz, mi fuego sagrado.
Eres el faro de mis sueños.
Eres mi amor inmaculado,
Me regalas tu semblante risueño,
Tu mirada limpia y clara
Me das todo sin ser tu dueño
Y a cambio… no me pides nada”.


de Fco Tomás M

Buscando tu piel templada y suave.

Con los ojos aún cerrados, he tanteado la cama buscando tu piel templada y suave. He buscando tu cuerpo y me he aferrado a la almohada al no encontrarte. Todavía me quedo dormido en tu lado de la cama buscando esa fragancia tuya inigualable y delicada. No hay nada que más me duela que intentar alcanzar lo inalcanzable y echar de menos tu presencia entre esas sábanas de seda, que fueron testigos de nuestra pasión. Quité tu retrato porque me hacía daño pero sigo buscándolo con la mirada cada vez que me despierto de madrugada. No sé por qué me doy la vuelta y me incorporó sobresaltado. Quizás mi alma sigue queriendo aferrarse a la tuya aunque mi corazón no encontró el abrigo que necesitaba junto al tuyo.
Preparo café para dos cada fin de semana y me tomó primero una taza y luego la otra, precisamente esa taza con la cuchara de porcelana en la que me esmeraba preparando el mejor café de la semana. Se me hacen largos los días y eternas las noches sin tener que planear cómo sorprenderte al día siguiente. Hice magia para ti pero tu tibia respuesta no me dejó indiferente e hirió mi orgullo. No hay nada pero que sentirse herido y, lo que es más grave, sólo sin estarlo en realidad.
Guardo aquellas primeras fotos cuando creía haber encontrado a la mujer sensible y entregada que siempre busqué, pero al volver a verlas me ha apenado ver aquella ilusión en mis ojos que se parpadeando hasta apagarse como una vela consumida. No he querido guardar las flores secas de color amarillento que secamos en un libro y con las que decoraste un marco blanco porque son flores que recogimos juntos cuando bajamos de la Acrópolis camino del Ágora en aquel marzo soleado pero frío de mi Grecia imperecedera. Igual que las flores se secaron, se secó mi amor. De mi amor no queda más que el recuerdo dulce del principio, las fotografías, las flores secas y la taza de tu café.
Nunca he podido dejar de ilusionarme como un chiquillo con cualquier cosa que provoque mis sentimientos pero tampoco he podido conformarme con una vida sin sueños. Mientras sueñe, recorreré esos parajes idílicos correteando como un niño y jugaré con la luna mientras me adorno la camiseta oscura con brillantes estrellas, que bajaré de dos en dos. Mientras sueñe, notas musicales saldrán de una lira para atraer a las Musas en torno a mí y creerme un poeta enamorado. Mientras sueñe, engañaré a mi nostalgia con nubes blancas en un cielo azul sobre unas olas blancas sobre un mar azul. Mientras sueñe, cubriré mi soledad con el manto de la fantasía para que nadie pueda hacerme daño. Todo este mundo onírico me servirá para no mostrar mi corazón resquebrajado y mi alma difuminada por esas aventuras que emprendí sin pensar que podría no llegar a mi destino.
Nunca pienso lo que voy a escribir, simplemente escribo. Siento necesidad de soltar mi amargura diaria en el papel, de hacerme un malabarismo con palabras para distraerme, de escribir de historias ajenas para no recordar las historias propias y de desplegar un manto de frases, que con más sentimiento que acierto, cubren mis defectos y me protegen de los demás. Los días, como hoy, que acabo de escribir con lágrimas en los ojos, es cuando me siento más vivo…

(FcoTomásM2019)

Bailaré para la princesa.

Esta noche bailaré para la princesa. Ella me mirará, pero intentando aparentar que no lo hace. Con su pie dislocado sobre un cojín pequeño de seda y sentada en su magnífico trono, me sentiré pequeño… pero bailaré para ella. No soy bailarín, ni siquiera tengo dote alguna para la danza, pero es mi deseo poder demostrarle a la princesa lo que puedo llegar a hacer por verla. No he querido imaginar previamente mis pasos, pero sé que los latidos de mi corazón serán los impulsos que me vayan dando el ritmo. He soñado mil y una veces, que mi sangre fluye rápida ante la presencia de la princesa y hasta las mejillas se me sonrojan por el sofoco y el pudor. A pesar de todo ello, esta noche bailaré para la princesa. Ella me mirará, pero intentando aparentar que no lo hace.

(FcoTomásM2019)

El amor siempre es cosa de dos

“Quiero resguardarme en tu pecho pero sólo hasta que tú también lo desees. El amor siempre es cosa de dos, aunque nos empeñemos en apoderarnos del sentimiento más libre de cuantos tenemos. El amor es la unión de cientos de cosas pequeñas, que conforman un único universo para que lo contemplen dos personas. Los detalles más insignificantes son esenciales y la falta de uno de ellos desequilibra todo ese manto estrellado, que es el amor”.
Todo parecía ser perfecto en aquella pareja. Ante los ojos de la gente, eran la pareja perfecta y, en la intimidad del hogar, ejercían como una sola alma. Era envidiable verles felices a cualquier hora de cualquier día. Con los años, sólo una cosa empezó a no funcionar: el modo de emplear el tiempo libre.
Antes, a lo largo de todos esos años, compartían las mismas aficiones. Ahora, no se sabe si por el desgaste del tiempo, él prefería montar en bici o hacer senderismo y ella no se divertía si no era en el cine, el teatro o de compras. Todas las cosas que les unían empezaron a derrumbarse por las discusiones a la hora de salir de casa y adónde ir. Decidieron hacer cada uno sus actividades por separado y, cuando ambos lo creyesen oportuno, salir juntos.
Al principio, parecía que estar algunas horas distanciados les unía. Se cogían con más ganas y ponían lo mejor de cada uno ante el otro. Con el paso de los meses, cuando volvían de disfrutar el ocio por separado, se daban cuenta del infranqueable abismo que les separaba. No estaban a gusto en casa, ni con la familia, ni yendo al teatro o a montando en bicicleta. Todo ese universo, que les cubría, se había desvanecido y se sentían huérfanos ante un mundo extraño y ajeno a ellos.
Acabaron por separarse.
“Los detalles más insignificantes son esenciales y la falta de uno de ellos desequilibra todo ese manto estrellado, que es el amor”.

(FcoTomásM2019)